Cuando yo estudiaba, soñábamos con máquinas que “nos hicieran las tareas”, lastimosamente para mí, en esa época, no lo viví.
Ahora resulta que sí contamos con esos recursos, el problema es que los estudiantes no lo saben, viven con ellos, se comunican por medio de ellos, juegan con ellos, pero no los conocen, ellos no entienden para qué sirve un computador en un salón de clase.
Aprender ahora debería ser más sencillo, pues la cantidad de información existente es mayor y más accesible, pero no, los muchachos no saben utilizar, realmente, las herramientas informáticas.
Hace un tiempo, hubiera creído que eso dependía del nivel “socio_económico_cultural”, del niño, que si un estudiante con un nivel económico promedio tiene disponibilidad de conectarse a una red desde su casa, utilizaría mejor ese medio, y que por el contrario, los muchachos que aún deben pagar $500 en promedio por media hora en un café _ Internet, no tendrían ni siquiera un correo electrónico creado; pero no, resulta que en ninguno de los casos tienen idea (en su gran mayoría) de las cosas que se pueden hacer por tan maravilloso invento.
Pensando en cómo solucionar en parte este impase, pienso que es importante enseñar a los estudiantes al buen uso de TIC, mostrándoles que las redes sociales también pueden ser un espacio para preguntar cosas que no sabemos sobre alguna consulta que nos pusieron en el colegio, o que es posible chatear por Gmail, e ir haciendo el trabajo de sociales o de español o de biología, así no tenga instalado el Word 2010 en mi computador, o ir haciendo la tarea de estadística con las herramientas que también me ofrecen Gmail y Hotmail, etc.
Pero así como los muchachos deben capacitarse, los que les vamos a enseñar también, porque si no ¿cómo?, es necesario conocer para criticar. Para mí las TIC son una excusa para acercarme al estudiante y para capacitarme, y esa debe ser, a mi criterio, la primera función de las TIC en educación, una motivación para que tanto estudiantes como profesores intercambien opiniones académicas y se den cuenta de que el conocimiento no es estático, que es necesario movernos al ritmo del mundo, que cada vez es más acelerado.